El sacerdote y el clériman (y la monja y el hábito).

Pero, con independencia de lo que hoy dicta “la ley y la costumbre”, en este breve artículo me propongo compartir ejemplos gráficos muy sencillos para aceptar con alegría la bondad del distintivo sacerdotal, y los beneficios que de ello se derivan para el pueblo de Dios.

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Con frecuencia se debate sobre la oportunidad o necesidad de que el sacerdote vista de cleriman –y la monja de hábito–, en relación sobre todo a su identidad como ministro ordenado y su cercanía pastoral con el pueblo de Dios.

Desde el Derecho Canónico basta ir al canon 284 para constatar que es obligación de todo sacerdote vestir
traje eclesiástico. Y desde la simple mirada a la actualidad se constata como de manera gradual se está
volviendo al cleriman sobre todo por parte de los sacerdotes más jóvenes y ordenados más recientemente, en comunión con las orientaciones dadas por últimos Papas y la mayoría de los Obispos.

Pero, con independencia de lo que hoy dicta “la ley y la costumbre”, en este breve artículo me propongo compartir ejemplos gráficos muy sencillos para aceptar con alegría la bondad del distintivo sacerdotal, y los beneficios que de ello se derivan para el pueblo de Dios.

1: El sacerdocio pertenece al orden del “ser” y no del “hacer”. El sacerdote ES sacerdote siempre, no “hace” como tal como si fuera una función. El sacerdocio es esencial, imprime carácter sacramental eterno. No es algo que se quita y se pone. El sacerdote lo es todo el día, haga lo que haga, y toda la vida, sea en trabajo pastoral o en descanso, despierto o dormido. Es sacerdote para la eternidad. El cleriman aparece como un signo de identidad tanto para el mismo cura
como para todo el pueblo de Dios. Entonces, si yo soy sacerdote, ¿porqué ocultar mi identidad?

Ejemplo: Preguntemos a un laico que porqué no se viste de cura. Responderá que no lo hace porque NO es cura.
Pues el cura que NO se viste de laico no lo hace porque NO es laico.

2: El sacerdocio lleva implícita una marca de fidelidad. El celibato es un Don de Dios que convierte el corazón del sacerdote en un lugar abierto a todos porque en su centro no hay nadie en exclusiva. Todos caben en el corazón del cura, y ello por la fidelidad prometida en la ordenación. Entonces, si soy sacerdote, ¿porqué ocultar mi fidelidad?

Ejemplo: Preguntemos a un laico casado que porqué no se quita el anillo de boda. Responderá que no lo hace porque es fiel. Pues el cura que no se quita el cleriman lo hace porque en ello redunda su deseo de ser fiel.

3: El sacerdocio contiene la alegría de recibir una vocación sin mérito alguno de su parte. Dios en su misteriosa providencia regala esa vocación a algunos hombres. Y el cleriman es un signo externo de esa felicidad recibida. Entonces, si soy sacerdote ¿porqué ocultar mi alegría?

Ejemplo: Preguntemos a un laico casado si oculta su condición delante de los demás. Responderá que no lo hace porque quiere a su esposa y está feliz con ella.
Pues el cura no se quita el cleriman porque desea compartir con todo el mundo su mayor alegría.

4: El sacerdocio incorpora la tribulación propia de no ser comprendido por todos, como tampoco lo fue Cristo que acabó muerto en la cruz. El cleriman aparece ahora como signo externo de valentía y respeto frente a un ambiente secularista donde lo religioso es a veces ridiculizado o abiertamente atacado. Entonces, si soy sacerdote, ¿ocultaré mi identidad para estar más “cómodo” en esta realidad que me toca vivir?

Ejemplo: Preguntemos a un laico casado si prefiere estar a bien con los demás o a ser fiel con quien se casó para lo bueno y lo malo. Responderá que el amor a su esposa está por encima del “qué dirán”. Pues el cura no se quita el cleriman porque ese signo “moleste” a otros, sino que lo mantendrá para ser fiel en las buenas y las malas como es propio del compromiso verdadero.

Con estos cuatro ejemplos, ajenos a la argumentación basada en la ley canónica y la costumbre reciente, se puede concluir expresando que, si bien lo que más importa de un sacerdote es un entrega a Dios, su amor fraterno, su apostolado y su corazón misericordioso de pastor, el cleriman aparece como el signo que ayuda a esa vida espiritual y pastoral, y la hace más coherente con el Don recibido de la vocación.

Por Santiago González

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2 thoughts on “El sacerdote y el clériman (y la monja y el hábito).”

    1. Estimado lector: efectivamente, pero triste realidad. Siempre, pero más ahora en un mundo en el que la imagen lo es todo, la primera forma de apostolado es tan sencilla como ir de lo que se es, o sea de sacerdote ¡pero qué difícil les resulta a muchos! Intentamos llamar la atención y, particularmente, no deserdiciamos oportunidad alguna de decirlo cara a cara, con educación, claro. Mil gracias. Saludos cordiales

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